¿Por qué necesitamos la Web 3.0?

Imagen de un móvil y un PC en una mesa dónde hay letras que forman la palabra Blockchain
¿Qué es la Web 3.0? ¡Sigue leyendo y lo sabrás!

Esta clase pertenece a nuestro curso 100% gratuito de Web 3.0. Es un curso para realizar de forma secuencial, si ya hiciste esta clase o si te perdiste alguna anterior puedes acceder al índice del curso aquí.

En esta clase vamos a conocer qué problemáticas han derivado en el nacimiento de tecnologías sobre las que parece que se va a asentar la Web 3.0. Y digo parece que aún estamos en un momento muy incipiente de surgimiento de la misma, y se está empezando a conformar un ecosistema tecnológico, un caldo de cultivo pero… De aquí hasta que tengamos una Web 3.0 usable por el gran público probablemente faltan años. Y eso es precioso. Porque significa que podemos formar parte de la historia de las gentes que colaboraron en el desarrollo del nuevo Internet. Pero la pregunta es… ¿Por qué necesitamos una Web 3.0?

La crisis de 2008 y sus consecuencias

Hay dos factores claves que pueden explicar el nacimiento de lo que sería la primera piedra fundacional de la Web 3.0. Pero no quiero adelantarme. Primero analicemos estos factores.

El primero fue la Crisis Financiera Mundial de 2008. No quiero extenderme mucho al respecto, pero básicamente fue una crisis que se fue agrandando poco a poco: primero una burbuja inmobiliaria en Estados Unidos en 2006, en 2007 la crisis de las hipotecas subprime (hipotecas con alto riesgo de impago) en el ya citado país y, ya en 2008, el contagio de la crisis primero al sistema financiero estadounidense y de ahí a la economía mundial. Es una crisis de la que a día de hoy, en 2021, muchos países no se han recuperado, entre ellos España. Nunca la economía española (al menos no a corto ni a medio plazo) será como antes de 2008. Esta crisis se llevó por delante una gran cantidad de empresas, una gran cantidad de puestos de trabajo y afectó enormemente a las sociedades y economías de todo el mundo. ¿Y qué provocó esta crisis? Un sentimiento generalizado de «no podemos confiar en quiénes gestionan nuestra economía, no podemos confiar en los bancos, tampoco en los políticos, el capitalismo ha fracasado». No en vano, ese mismo año el presidente francés de aquel entonces, Nicolas Sarkozy, proponía que «había que refundar sobre bases éticas el capitalismo«. Otro ejemplo de esa desconfianza hacia políticos y empresas del sector bancario fue el Movimiento 15-M en España, cuyo uno de sus lemas fue «No nos representan«.

Ahora, momento de hacernos preguntas. ¿Qué es el dinero? ¿Qué es ese billete de 10€ que tienes en tu bolsillo? No es otra cosa que un billete impreso por una entidad autorizada para ello (en la Unión Europea, el Banco Central Europeo). ¿Y cuánto vale ese billete hoy? ¿Cuánto valdrá dentro de 5 años? Valor no es lo mismo que cantidad. Ese billete acredita que tienes una cantidad de euros, en concreto 10. Pero te puedo asegurar que en unos años, muy probablemente su valor habrá bajado. Y que si con esos 10€ hoy te puedes pagar, por ejemplo, cuatro refrescos en un bar, igual en 5 años sólo te puedes pagar tres o dos. Te presento a nuestra enemiga, la inflación. Piénsalo. Simplifiquemos mucho. Imagina que sólo hay 1.000.000 de billetes de 10€ en toda la Unión Europea. Si de repente el Banco Central Europeo decide imprimir otro 1.000.000 de billetes de 10€ y ponerlo en circulación, hay más abundancia de euros en la economía, de modo que los precios suben. Y tu dinero, tus 10€ valen menos.

Ahora bien, ¿Quiénes conforman el Banco Central Europeo? ¿Quiénes regulan la economía europea? Pues bien, políticos (por ejemplo, en este preciso momento en diciembre de 2021 la presidenta es Christine Lagarde y el vicepresidente es Luis de Guindos, ambos con amplia trayectoria política). Así que el valor de tu dinero depende de políticos. De una ideología u otra, no vamos a entrar a eso. Pero el caso es que son políticos. Y si algo hemos aprendido desde el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945 y el establecimiento progresivo de las democracias en Europa es que los políticos quizás no son los más adecuados para gestionar economías. A fin de cuentas, cuando las personas tienen tanto poder tienden a distanciarse de la realidad, a inflar su ego y es fácil que caigan en las garras de la corrupción. No es algo observable sólo en políticos, sino que es algo que se puede observar en cualquier entidad en muchas sociedades en mayor o menor grado (desde el equipo de dirección de un instituto hasta directivos de una pequeña empresa). Los seres humanos no somos, ni mucho menos, perfectos, y en algo tan delicado como la economía somos capaces de provocar verdaderos estragos.

Por tanto, tenemos un grave problema de confianza en las entidades económicas y en aquellos que las gestionan.

Las grandes multinacionales tecnológicas: poder y privacidad

Imagen de servidores
¿De quién son los datos que subes al servidor? ¡Sigue leyendo y lo sabrás!

Si algo hemos observado en las últimas décadas en el Sector IT, es que han nacido empresas gigantes que, en líneas generales, se han apropiado de un nicho entero dentro de la informática y dentro del mundo online. O, en el mejor de los casos, han compartido dicho nicho con otra empresa. Por ejemplo, veamos, sistemas operativos más usados en PC personales. ¿Quiénes se reparten el pastel de forma mayoritaria? Microsoft y Apple. ¿Buscadores? Google. ¿Redes Sociales? Meta (antes Facebook), propietaria de Facebook, Instagram, WhatsApp. ¿Tienda Online? Amazon.

Como hemos podido observar, el poder no es que esté precisamente muy repartido. ¿Es eso importante? Tremendamente. Las concentraciones de poder generan mucha ventaja para aquellas personas o empresas que tienen el poder, pero una gran debilidad para aquellas que no lo tienen. Hay miles de ejemplos cada día: desde censura en redes sociales, hasta venta de datos de usuarios de redes sociales como forma de hacer negocio etc.

Seamos realistas: las bases de datos de cualquier aplicación te conocen mejor que tú mismo. Quizás tú no te acuerdas de qué comiste hace tres días, la base de datos de Instagram sí. Pero, aquí tienes un problema: tus datos no son tuyos. Son de la plataforma en la que los almacenas. Tus fotos no son tuyas, son de Instagram. Tus conversaciones no son tuyas, son de WhatsApp. Que tu negocio online tenga éxito depende de lo bien que seas capaz de posicionarte en el buscador por excelencia, Google. Si el algoritmo de Google decide de forma más o menos justa que has de aparecer más abajo así ocurrirá.

Por supuesto, no es el único problema. Las empresas, como es lógico, buscan el máximo beneficio pero… ¿A qué precio? Es bien sabido que las redes sociales pueden tener efectos perjudiciales para sus usuarios (como la adicción a las mismas), que las plataformas funcionan para que pases el máximo tiempo posible en ellas (aunque ello repercuta en tu vida de forma negativa) y que, además, usan tus datos para ganar dinero.

Y aquí existe un punto débil del sistema: si las grandes empresas tecnológicas saben tanto de sus usuarios… ¿Es el usuario realmente libre si un algoritmo le dice qué video le apetece ver en un determinado momento? ¿Hasta qué punto una gran empresa multinacional va a defender la democracia si ello le pudiera producir pérdidas en una determinada coyuntura política? ¿Hasta qué punto una empresa va a cuidar la salud mental de los usuarios de su aplicación si ello supone ganar menos dinero?

En estos tiempos dónde todo queda grabado, todo queda registrado y las aplicaciones saben en qué ubicación exacta estás en cada momento, a qué bares sueles ir o qué libros te gusta leer… ¿Qué privacidad tienes?

Me gustaría añadir que no soy ni mucho menos una persona que deteste las redes sociales o la Web 2.0, ya que todo lo que hay ahí es reflejo de una de las cosas más humanas de nuestra especie: el acto de comunicar. La Web 2.0 a fin de cuentas no es más que un reflejo de dicho acto.

Pues bien, el problema es que mucha gente (y cada vez más), aunque usa la Web 2.0 y las redes sociales, no se siente cómoda proporcionando tantos datos a una plataforma, datos que en ese preciso momento en que suben al servidor de la plataforma dejan de ser suyos. Por no hablar de lo incómodo de la asimetría de poder grandes corporaciones IT-usuarios (no conozco mucha gente que le tenga especial cariño a Marc Zuckerberg o Bill Gates, por ejemplo) y de la conducta poco ética de dichas empresas, las grandes corporaciones IT, en muchas ocasiones.

Los problemas que duran tiempo provocan soluciones

Soluciones
¿Y qué hemos hecho con estos problemas? Sigue leyendo y lo sabrás…

Como hemos visto, existía un caldo de cultivo perfecto en 2008 y en los años posteriores (década de 2010-2020) para el surgimiento de una nueva Web 3.0, que ayudara a solucionar los problemas de la Web 2.0. De hecho, muchos problemas de dicha década y de lo que hemos vivido de la década 2020-2030 siguen estando relacionados con los motivos antes citados y, por tanto, están haciendo que la Web 3.0 siga desarrollándose cada vez más rápido. Desde la falta en confianza en los políticos por la mala gestión (en líneas generales) de la crisis sanitaria derivada del COVID-19 hasta el hecho de que el trabajo en remoto haya crecido enormemente y hayamos topado de bruces con las limitaciones del mundo digital actual: es muy distinto vernos en remoto que en la vida real.. Y podríamos seguir así contando problemas hasta el infinito.

Son problemas a los que de momento no les hemos sido capaces de dar una mejor solución. ¿Son los políticos capaces de prever potenciales amenazas para la humanidad? Ya vimos en la clase anterior que los seres humanos somos increíblemente malos prediciendo el futuro. ¿Por qué las reuniones de trabajo en remoto son tan distintas de las reuniones del mundo real, dificultando el establecimiento del vínculo social? Porque a día de hoy no tenemos una tecnología más avanzada para el trabajo remoto.

Pero, los seres humanos, como llevamos haciendo desde hace miles de años, dónde hay problemas generamos soluciones. ¿Y cómo la Web 3.0 puede ayudar a solucionar los ya citados problemas? Lo veremos en la siguiente clase.

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